lunes, 10 de octubre de 2011

No te deseo el mal.

Cuando la sangre corra, que sepas que yo te rasguñé.
Que cada escalofrío sea yo recogiendo mis trazos.
Olvídame despacio, que tu sonrisa caiga por el peso de mi historia
y tus alegrías se deban a instantes de miseria escasa.

En los pañuelos sucios,
en la piedra del zapato y
en los espejos empañados,
hasta en la mugre de tus uñas estaré;
y en la lluvia que no moja y en el pucho que no calma.

Siénteme formando parte de tus miedos,
en los segundos que huyen en busca de días mejores,
en la noche que no acaba,
en la oscuridad espesa de una taza de café,
en la textura vieja de un puñado de arena,
en el olor a amor de un perro de la calle.

No te deseo el mal,
pero ojalá tus sentimientos corran hacia este corazón que nunca tuvo dueño.
Que cada momento de angustia tenga tu nombre y mi apellido,
y que cuando lo alcances,
te des cuenta de que hasta el fondo del pozo está seco.

3 comentarios: