domingo, 10 de mayo de 2015

Fantasmas

Aquí nunca estuve solo,
jamás pensé que iba a ser el único
pero nos chocamos entre tantos en la sala
y cuando llego tarde me encuentro con todos los rincones ocupados.

Si no estás nos ponemos a correr,
con los pulgares pasamos rapidito por todas tus páginas
les damos la vuelta a las sábanas
olemos tu ropa y tu champú.

Cuando le dejas solo, pobrecito
le suavizamos la verdad
le lavamos el cerebro
le ponemos sal en el café.

Luego llegas y nos escondemos,
llenamos los rincones, todos
te jalamos de las pestañas
y te pateamos el agua de los charcos.

Tienes tantos fantasmas en tu casa,
jamás vas a reconocer el mío.

martes, 5 de mayo de 2015

Es para vos

Todavía no sabemos quiénes somos. Sin embargo aquí estamos, dando tumbos por el mundo mientras esperamos que nuestros caminos se crucen estrepitosamente. No sé qué pasará exactamente, pero hay un par de cosas que se predicen fácil. Cuando nuestras miradas se crucen por primera vez, sentiremos un chispazo en un lugar del cuerpo que todavía no he logrado encontrar. Como se acostumbra en esos casos nos lo negaremos, que fue el viento el sol el cambio de la marea, el choque entre los trópicos de cáncer y capricornio será la explicación. Pero no, nos buscaremos nuevamente por los días que vengan de por medio, y nos mostraremos las soledades en la noche final. Luego de ese primer beso nada volverá a ser lo mismo nunca, huiremos aterrados día tras día y nos mentiremos a nosotros mismos, el uno al otro. Que no nos queremos que somos almas libres que es muy pronto que es muy tarde que es muy lejos que es inútil ¡qué pereza carajo! Pero la espiral se invertirá y no nos daremos cuenta de que mientras corremos convergemos hacia el centro. Luego de un rato será inevitable inservible y antivoluntad negarlo, mierda te amo quédate conmigo no te vayas nunca. La vida por fin tendrá sentido, invencibles y eternos. Te amaré salvajemente, cuando me vaya de tu lado sentirás que te falta un pedazo de alma para sentir que regresé con uno más grande cada vez que te diga que ya llegué que me urge tu abrazo. Haré las promesas más lejanas que se puedan. Pero un día aparecerá ese engendro en ese otro lugar de mi cuerpo que aún no puedo encontrar, me dirá que ya no más, que estoy harto. Como acostumbro en estos casos, también me lo negaré, etapas y rutinas serán mis pretextos preferidos. Vendrá el abismo, no vas a saber qué está pasando y no te lo diré, al final me daré cuenta de que el único invencible y eterno es el engendro. Y la espiral se invertirá de nuevo. Chau, nada que hacer contra la divergencia.