Aquí nunca estuve solo,
jamás pensé que iba a
ser el único
pero nos chocamos entre tantos
en la sala
y cuando llego tarde me
encuentro con todos los rincones ocupados.
Si no estás nos ponemos
a correr,
con los pulgares pasamos
rapidito por todas tus páginas
les damos la vuelta a
las sábanas
olemos tu ropa y tu
champú.
Cuando le dejas solo,
pobrecito
le suavizamos la verdad
le lavamos el cerebro
le ponemos sal en el
café.
Luego llegas y nos escondemos,
llenamos los rincones,
todos
te jalamos de las
pestañas
y te pateamos el agua de
los charcos.
Tienes tantos fantasmas
en tu casa,
jamás vas a reconocer el
mío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario